LA EROTIZACIÓN DE LA INFANCIA

La ropa es para cubrir, no para sugerir.

Se que mucho de lo que voy a decir aquí va a chirriar a muchos padres dado que seguro afecta a familiares muy cercanos, y en eso nos ciega muchas veces el cariño y nuestra propia culpa. Lo digo con toda la honestidad del mundo porque es lo que veo y es la pura verdad, y creo que por caridad cristiana alguien tiene que decirlo para rectificar comportamientos necesarios para la salvación. Cuando uno ve una enfermedad contagiosa hace un flaco favor callando la situación.

La Virgen de Fátima advirtió a Jacinta: “Más almas se van al infierno por pecados de la carne que por cualquier otra razón. Se introducirán ciertas modas que ofenderán gravemente a Mi Hijo. Las personas que sirven a Dios no deberán seguir las modas. La Iglesia no tiene modas; Nuestro Señor es siempre el mismo”.

Hoy, desgraciadamente vemos como esto se ha hecho realidad hace ya bastantes años con unas modas que siempre tienen por objeto la erotización de la mujer, con ropas muy ajustadas a su cuerpo tratando de destacar sus partes más voluptuosas.

El insigne padre Cansino decía: “Hay algunas modas de vestidos que parece se han hecho más para vender los cuerpos que no para cubrirlos. No acabo de entender qué reservan para los ojos de un casto esposo, cuando han llevado por todos los mercados las partes recatadas de sus cuerpos tan descubiertas, que parece están prontas a darlas al que dé más”.

Esto es lo contrario a lo que tradicionalmente se ha llamado siempre modestia y recato, que es la virtud de vestir, moverse y comportarse decentemente mirando siempre por la pureza y la honestidad moral.

Yendo la degeneración moral a un grado más, hace unos años acá hemos visto como, después de haber erotizado por completo la moda adulta, ahora se pretende también erotizar a la infancia. Basta darse un paseo por la puerta de cualquier instituto o colegio para ver que, como borregas en masa, la inmensa mayoría de chicas van con lo que llaman leggings (mallas), pantalones cortos casi a la altura de las nalgas, camisetas insinuantes y  otro tipo de prendas siempre con el mismo objeto: mostrar e insinuar a modo de pequeñas lolitas. Tengan o no esa intención la realidad objetiva vista por terceros es esa, y hoy precisamente los “terceros” que abundan no son precisamente personas castas, puras y limpias. Y eso por no hablar de las playas…

En concreto sobre los leggings, para el que no lo sepa, es una prenda que a mi modo de ver es lo más parecido a ir desnuda de cintura hacia abajo, porque no deja un sólo milímetro a la imaginación, marcando hasta el último contorno del cuerpo, al punto que en muchos casos puede hacer dudar incluso que la persona lleve ropa interior, y esto, que ya es triste en una mujer adulta, y ridículo en una anciana -que las hay-, es sencillamente moralmente estremecedor  verlo en una niña que debería ser la flor de la pureza. Muchas veces me pregunto cómo esas niñas no sienten vergüenza y un mínimo de pudor por ir marcando su cuerpo de esa forma ante los demás. Y como esos padres no sienten lo mismo por ver a su hija exhibirse así, debo ser muy “antiguo” la verdad, pero no cabe en mi cabeza esto.

Todo ello fomentado por multitud de series televisivas impropias para esas edades que las educan en la frivolidad, con la permisividad y aquiescencia de los padres, los cuales no tienen nada que decir ya que “todas van así”, “todas lo hacen”,  y como “todas van así”, pues está bien, dado que la “moral” cuando se quita la referencia a Dios pasar a ser una mera opinión de lo que mayoritariamente piensan o hacen los demás… lo cual dicho sea de paso es de todo menos moral.

Resulta paradójico que en la época donde parece haber una obsesión por la igualdad de la mujer y que se la valore no como un “objeto”, ella misma se dedique contradictoriamente a promocionarse como un objeto “sensual”, que es la antítesis de ser valorada por lo que vale y no por su “cuerpo”.

Esta perversión de los menores es fomentada por las propias familias, que les ríen, silban y aplauden cuando visten sensuales. No me cabe duda que la mayoría de niñas no tienen una intención sexual tan acentuada en esas edades, pero sí es claro están siendo educadas por y hacia el desastre moral. Tengamos en cuenta que cuando alguien quiere ir exhibiendo sensualidad, está convirtiéndose en elemento de pecado para otros, de cuyos pecados con la mirada y el pensamiento se hace esa mujer responsable –sin quitar por supuesto responsabilidad al ejecutor-. No olvidemos que hoy día, con la masificación de niños con móviles, desde los 10 años, o incluso antes, están ya viendo muchos pornografía, pues van con un gigantesco kiosco de aberraciones en el bolsillo, por lo que la impureza en la mente y las miradas ha bajado de edad de inicio alarmantemente.

Por todo esto dijo aquel insigne misionero, el padre Gavarri, que “un sin número de mujeres bajarán al infierno” por vestir inmoralmente, incluyendo todos aquellos que lo han consentido. No olvide usted papá y mamá lo que decía el Santo Cura de Ars: su hijo tendrá que dar cuenta ante Dios de sus pecados, pero ustedes también tendrán que dar cuenta ante Dios de los pecados que cometan sus hijos por la falta de educación que les den y les consientan.

Por último, y por concluir, un reto a su memoria ¿recuerdan la última vez que han oído en una Iglesia hablar de la pureza, la modestia, el recato, la virginidad?  Mi memoria no da para tanto.

 

Esta entrada fue publicada en Artículos. Guarda el enlace permanente.